Cuando llegue septiembre...


El 1 de septiembre, ya en la antesala de un otoño que se prevé caliente, saldrá a la luz Todos los trenes mueren en línea recta, libro de Dolors Alberola, que publica Origami en Jerez. Días más tarde, el 20, ya con el equinoccio en las pupilas, la editorial granadina Compañía de Versos Anónimos (CVA) tiene prevista la presentación de La escopeta de Lily Mae, también de Dolors Alberola, que parece desquitarse de tres años de ausencia casi deliberada, sólo rota y a fe que gozosamente por su labor como promotora de tertulias, encuentros, recitales y cuanto pueda y puede relacionar a autores y lectores, difundiendo la obra de éstos y haciendo disfrutar a la mayoría.
Que tres años no es nada está en mente de todos. Sin embargo, para una escritora prolífica, que vive por y para la poesía, es un silencio largo, por más que en soledad brotaran las palabras y de ellas nacieran poemas y más poemas, que acabaron tomando el papel de los libros. Y aquí están, de la mano, respectivamente, de Antonio Huerta y Víctor Alija, dos héroes, sin duda alguna, en tiempos como éstos de sálvese quien pueda, cuando las ratas abandonan el barco y todos, desvalidos, quedamos a merced de la tempestad. Ellos son de otra especie, de otro metal, forjado en el tesón y la utopía y están por eso donde están, en la línea de fuego, dispuestos a abrasarse en la poesía y su ardiente resplandor.
Será largo el otoño y aún más el invierno, luchando con los gigantes y esgrimiendo contra su brutalidad algo tan frágil como unos libros, eso sí, rebosantes de palabras, ideas y el fuego vivo de la creación. Alberola tendrá que defenderlos, que acercarlos a los lectores, que buscarles un sitio en este país empeñado en que no quepa nada ni nadie, más allá del infierno financiero y el pillaje de sus acólitos.
La voz de la poeta resurge renovada, si fiel a sus esencias. En la entrevista que publicamos a continuación nos habla de sus libros, de su visión del mundo y la existencia, de su total entrega a la poesía.

"La poesía siempre ha atravesado páramos oscuros, pero actualmente los atraviesa desnuda, sin defensa alguna, profanada gran parte de las veces"


- En la trayectoria de todo poeta hay etapas de luz y de oscuridad, tiempo de palabras y tiempo de silencio, como el que –extrañamente, pues estamos acostumbrados a su fecundidad- pareció atravesar Dolors Alberola, entre 2009 y finales de 2011, ¿alguna explicación?

- Sí, una y muy grande. La poesía siempre ha atravesado páramos oscuros, pero actualmente los atraviesa desnuda, sin defensa alguna, profanada gran parte de las veces. La mentira la recubre en un porcentaje muy elevado e incluso se desfigura su rostro en muchas ocasiones. No hablo de performances ni nada similar, estoy plenamente de acuerdo en que las artes deben fundirse y el tiempo debe avanzar y moderar o acentuar los cambios, según cada época estime. Lo que no entiendo es que detrás de esas representaciones, exhibiciones y demás no esté algunas veces la poesía. Debido a estas cosas, que se extienden a convocatorias, exaltaciones personales, puestos en los podiums, etc., dejé de escribir, porque la fe en la sociedad y, sobre todo en este mundillo no me daba para más. Gracias a Dios, me he dicho que nada de eso tiene importancia y que cada cual debe seguir adelante sin mirar lo enrarecido y sirviéndola lo mejor que pueda.

- A veces, el silencio es tan sólo una frontera o, dicho de otro modo, el heraldo que anuncia un cambio, ¿se ha producido alguno en tu obra?

- Investigar no significa siempre lograr el éxito. Trabajo constantemente con el fin de desbrozar lo hecho e indagar nuevos caminos, consciente de que no soy yo la que debo responder a esta pregunta sino la crítica o el público. Por mi parte sólo puedo decir que me siento orgullosa de los libros que saldrán en breve y que espero gusten, como les han gustado a los propios editores.

"Vivo cada palabra y ellas me van robando la existencia y purificando el aire para poder vivir en esta insensatez que llevamos a cuestas en el mundo"


- Todos los trenes mueren el línea recta y La escopeta de Lily Mae, títulos de los libros que Dolors Alberola va a presentar en septiembre, parecen apostar por la innovación, recuperando acaso cierto talante vanguardista, ¿es así?

- No sabría decirte, no disecciono el verbo como en un laboratorio, más bien dejo que las palabras nazcan, crezcan, vuelen hasta el papel y luego hasta los ojos. No clasifico, no sigo más estructura que la que la estética me imprime en el deseo. Si lo que viene en estos libros fue ya o no fue, no es tema que me atrape o rechace. Vivo cada palabra y ellas me van robando la existencia y purificando el aire para poder vivir en esta insensatez que llevamos a cuestas en el mundo. ¿Sería nuevo un nacimiento o una muerte? Si consideráramos éstos en función de un ser o de una obra en particular, podrían serlo, pero si nosotros mismos ya somos la poesía, qué de nuevo puede haber en lo único que nos vive y que vivimos, en su inamovible sinfonía, en su cáliz amargo, en su nada. Vuelvo a insistir en asegurar que son dos libros que me cumplen y eso es el milagro. Amo la vanguardia como amo el surrealismo, el aura clásica del verso y todo lo que conlleve la buena poesía, lo que no soporto es la mediocridad.

- En todo caso, ¿qué diferencia a estos libros de obras anteriores como –por citar unos ejemplos significativos- Sobre la oscuridad, Del lugar de las piedras, Acaso más allá o El monte trémulo?

- Posiblemente sólo los diferencie el hecho de atravesar de la música al sonido contundente de un disparo o al traqueteo oscilante de un tren que va a morir. Se ha de ser atrevido y en estos libros se esparce un tipo diferente de atrevimiento sobre la misma palabra y similar construcción y, sobre todo, la dulzura de una furia merecida contra esta sociedad que parece haber cambiado una vocal con el insano empuje de sus dirigentes.

"Ya no necesitamos que la palabra sea 'un arma cargada de futuro', nos urge este presente..."


- ¿Qué aportan estos libros a la poesía española de estas primeras décadas del siglo XXI?

- Aportan un grito, un latigazo como los del templo, que azote plenamente al mundo de la literatura y también al que la ha prostituído.

- Háblanos brevemente de Todos los trenes mueren el línea recta y La escopeta de Lily Mae.

- El primero nació en La Sagra. Allí pude ver la gran metáfora de la muerte; también los trenes abandonan la vida tiesos, rectos, inmóviles. Me gusta que los libros no sean solamente el resultado de unas sensaciones y, mucho menos, vacuos. Yo estudio cuando los escribo; si son trenes, viajo en la palabra por cada estación que desea formar parte de esa historia, analizo, rehago, recreo, dejo ser a las novísimas estaciones, que ya no son la que eran y, entre ellas y yo y esos vagones del cementerio ferroviario, elevamos la obra. Obra que es metáfora y fusión de engranajes y vidas, de quietudes y muertes, pero sobre todo de abandono, como los trenes muertos de la citada estación. La escopeta es otro tiro largo, desdecir al poeta al cambiarle los tiempos. Ya no necesitamos que la palabra sea un arma cargada de futuro, nos urge este presente y hemos de disparar antes de que nos lorquianicen otros, porque es tiempo de ser lorquianos por nosotros mismos y cernudianos y nerudianos y un larguísimo tren de enarbolados nombres y gritar, aullar, arañar si es preciso para que haya libertad, igualdad, fraternidad, de que haya en fin justicia. En este libro la palabra grita contra el mundo y la escopeta vence a la estupidez remanente que nos intentan dar como alimento.

"Ha de cambiar la historia y ha de cambiar ese signo nefasto que la mantiene sucia"


- El tema del tren no es nuevo en la poesía ni tiene por qué serlo. Aparece en el romanticismo tardío y se consolida con el realismo en la obra de Campoamor, para adoptar maneras simbolistas en algunos poemas de Antonio Machado y adquirir fortaleza en movimientos como el futurismo, ¿cómo marcan la diferencia los trenes de Dolors Alberola y, en otro orden de cosas y por pura curiosidad, de dónde le viene ese aparente interés por el tren?

- El tren es el medio de locomoción que más seguridad me ofrece; odio las carreteras, por ejemplo. También está unido a los primeros viajes maravillosos de mi juventud y a los menos apetecibles, como el de trasladarme ciertos lunes al internado; no sé si eso tendrá algo que ver, pero en la vida todo es signo. Tengo tantos poemas escritos sobre trenes que bien podría apadrinarlos alguna sociedad ferroviaria –aunque siempre es preferible que mis estaciones deambulen solas, libérrimas, sin más orden que el puramente estético-. Mis trenes son diferentes de otros trenes, sencillamente porque yo soy diferente, como cada ser, de los dueños de esas otras estaciones. En mi tren podría subir la mujer esa que llevaba una alcuza y yo la recibiría de buen gusto. Quizás no deseara nunca que en uno de sus vagones Campoamor redactara su historia. Ha de cambiar la historia y ha de cambiar ese signo nefasto que la mantiene sucia. Quizás lo que les pasa a mis trenes es que cruzan de un mundo hasta otro mundo, aniquilando el tiempo y el espacio y regenerando cosas que ya crecían muertas.

- ¿Y quién es Lily Mae?, ¿y por qué una escopeta en sus versos?

- Lily Mae soy yo mientras he sido ella. Sólo que ella tiene una ventaja, si bien yo fui antes de que ella fuera, ella será luego de que yo haya sido y ahí están la fuerza de su vida y mi mano. Lleva una escopeta porque es incapaz de llevar una mentira en sus labios ni de sujetarla con su propia vida. Lleva la única escopeta, la que duele más que un cañón y edifica más mundos que la puta política: la palabra.

- En medio de la ficción que, al parecer, sirve de soporte a la poesía en ambos libros –no perdamos de vista el célebre enunciado de Pessoa-, ¿qué lugar ocupa la voz lírica?

- La voz lírica ocupa el aire, lo que sólo con la realidad más íntima, vestida de ficción, puede alcanzar. Ocupa el gran sillón de la utopía y, al tiempo, la diminuta silla de la felicidad, si es que puede llamarse así a la realización de una obra bien hecha.

"Quien no se compromete, no ama la utopía y no es poeta"


- En los tiempos que corren, ¿qué posición adoptan estos libros, evasión o compromiso?

 - Quien no se compromete, no ama la utopía y no es poeta. Cómo podría un poeta no gritar, no levantar en pie toda metáfora, no desangrarse en tinta, viendo la catástrofe que dejamos exista, todos esclavos de la única comodidad que nos resta, que es no molestarnos en manifestar que no estamos de acuerdo. Yo no sería yo si no dijera que el mundo actualmente se ha pintado de mierda y que, ante lo que tenemos, no vale más metáfora.

 - ¿Sigue siendo la poesía –cierta poesía, al menos- ese arma cargada de futuro, de que hablara Gabriel Celaya?

- Si lo es, que cambie, como bien dije antes, porque el futuro ya es presente y el mundo precisa de estas armas y de esa inteligencia que las mantiene limpias, en orden, preparadas para decir que no e intentar al menos nuestro sueño. Si es que aún quedan hombres, si es que aún quedan sueños. La poesía ha de ser un arma cargada de presente contra la más acuciante y casi muerta actualidad.

- Es bastante conocida la frase de Ana Sofía Pérez-Bustamante, según la cual Dolors Alberola vive en un estado de permanente éxtasis poético. Sabiendo que es verdad, ¿qué ha dejado para después de estos últimos libros?

- He dejado lo que me quede de vida, para convertirlo de nuevo en poesía. Me he dejado para futuros poemas y también para los, innumerables ya, libros que todavía no han podido ver la luz. No sabría seguir siendo, dejando de ser poeta. Quizás eso sólo sea potestad de la locura o la muerte.