El 1 de septiembre, ya en la antesala de un otoño
que se prevé caliente, saldrá a la luz Todos los trenes mueren en línea recta,
libro de Dolors Alberola, que publica Origami en Jerez. Días más tarde, el 20,
ya con el equinoccio en las pupilas, la editorial granadina Compañía de Versos
Anónimos (CVA) tiene prevista la presentación de La escopeta de Lily Mae,
también de Dolors Alberola, que parece desquitarse de tres años de ausencia
casi deliberada, sólo rota y a fe que gozosamente por su labor como promotora
de tertulias, encuentros, recitales y cuanto pueda y puede relacionar a autores
y lectores, difundiendo la obra de éstos y haciendo disfrutar a la mayoría.
Que tres años no es nada está en mente de todos.
Sin embargo, para una escritora prolífica, que vive por y para la poesía, es un
silencio largo, por más que en soledad brotaran las palabras y de ellas
nacieran poemas y más poemas, que acabaron tomando el papel de los libros. Y
aquí están, de la mano, respectivamente, de Antonio Huerta y Víctor Alija, dos
héroes, sin duda alguna, en tiempos como éstos de sálvese quien pueda, cuando
las ratas abandonan el barco y todos, desvalidos, quedamos a merced de la
tempestad. Ellos son de otra especie, de otro metal, forjado en el tesón y la
utopía y están por eso donde están, en la línea de fuego, dispuestos a
abrasarse en la poesía y su ardiente resplandor.
Será largo el otoño y aún más el invierno, luchando
con los gigantes y esgrimiendo contra su brutalidad algo tan frágil como unos
libros, eso sí, rebosantes de palabras, ideas y el fuego vivo de la creación.
Alberola tendrá que defenderlos, que acercarlos a los lectores, que buscarles
un sitio en este país empeñado en que no quepa nada ni nadie, más allá del
infierno financiero y el pillaje de sus acólitos.
La voz de la poeta resurge renovada, si fiel a sus
esencias. En la entrevista que publicamos a continuación nos habla de sus
libros, de su visión del mundo y la existencia, de su total entrega a la
poesía.