"Ha de cambiar la historia y ha de cambiar ese signo nefasto que la mantiene sucia"


- El tema del tren no es nuevo en la poesía ni tiene por qué serlo. Aparece en el romanticismo tardío y se consolida con el realismo en la obra de Campoamor, para adoptar maneras simbolistas en algunos poemas de Antonio Machado y adquirir fortaleza en movimientos como el futurismo, ¿cómo marcan la diferencia los trenes de Dolors Alberola y, en otro orden de cosas y por pura curiosidad, de dónde le viene ese aparente interés por el tren?

- El tren es el medio de locomoción que más seguridad me ofrece; odio las carreteras, por ejemplo. También está unido a los primeros viajes maravillosos de mi juventud y a los menos apetecibles, como el de trasladarme ciertos lunes al internado; no sé si eso tendrá algo que ver, pero en la vida todo es signo. Tengo tantos poemas escritos sobre trenes que bien podría apadrinarlos alguna sociedad ferroviaria –aunque siempre es preferible que mis estaciones deambulen solas, libérrimas, sin más orden que el puramente estético-. Mis trenes son diferentes de otros trenes, sencillamente porque yo soy diferente, como cada ser, de los dueños de esas otras estaciones. En mi tren podría subir la mujer esa que llevaba una alcuza y yo la recibiría de buen gusto. Quizás no deseara nunca que en uno de sus vagones Campoamor redactara su historia. Ha de cambiar la historia y ha de cambiar ese signo nefasto que la mantiene sucia. Quizás lo que les pasa a mis trenes es que cruzan de un mundo hasta otro mundo, aniquilando el tiempo y el espacio y regenerando cosas que ya crecían muertas.

- ¿Y quién es Lily Mae?, ¿y por qué una escopeta en sus versos?

- Lily Mae soy yo mientras he sido ella. Sólo que ella tiene una ventaja, si bien yo fui antes de que ella fuera, ella será luego de que yo haya sido y ahí están la fuerza de su vida y mi mano. Lleva una escopeta porque es incapaz de llevar una mentira en sus labios ni de sujetarla con su propia vida. Lleva la única escopeta, la que duele más que un cañón y edifica más mundos que la puta política: la palabra.

- En medio de la ficción que, al parecer, sirve de soporte a la poesía en ambos libros –no perdamos de vista el célebre enunciado de Pessoa-, ¿qué lugar ocupa la voz lírica?

- La voz lírica ocupa el aire, lo que sólo con la realidad más íntima, vestida de ficción, puede alcanzar. Ocupa el gran sillón de la utopía y, al tiempo, la diminuta silla de la felicidad, si es que puede llamarse así a la realización de una obra bien hecha.