- En la trayectoria de
todo poeta hay etapas de luz y de oscuridad, tiempo de palabras y tiempo de
silencio, como el que –extrañamente, pues estamos acostumbrados a su
fecundidad- pareció atravesar Dolors Alberola, entre 2009 y finales de 2011,
¿alguna explicación?
- Sí, una y muy grande. La poesía siempre ha atravesado páramos oscuros,
pero actualmente los atraviesa desnuda, sin defensa alguna, profanada gran
parte de las veces. La mentira la recubre en un porcentaje muy elevado e
incluso se desfigura su rostro en muchas ocasiones. No hablo de performances ni
nada similar, estoy plenamente de acuerdo en que las artes deben fundirse y el
tiempo debe avanzar y moderar o acentuar los cambios, según cada época estime.
Lo que no entiendo es que detrás de esas representaciones, exhibiciones y demás
no esté algunas veces la poesía. Debido a estas cosas, que se extienden a
convocatorias, exaltaciones personales, puestos en los podiums, etc., dejé de
escribir, porque la fe en la sociedad y, sobre todo en este mundillo no me daba
para más. Gracias a Dios, me he dicho que nada de eso tiene importancia y que
cada cual debe seguir adelante sin mirar lo enrarecido y sirviéndola lo mejor
que pueda.
- A veces, el silencio es
tan sólo una frontera o, dicho de otro modo, el heraldo que anuncia un cambio,
¿se ha producido alguno en tu obra?
- Investigar no significa siempre lograr el éxito. Trabajo
constantemente con el fin de desbrozar lo hecho e indagar nuevos caminos,
consciente de que no soy yo la que debo responder a esta pregunta sino la
crítica o el público. Por mi parte sólo puedo decir que me siento orgullosa de
los libros que saldrán en breve y que espero gusten, como les han gustado a los
propios editores.