"Vivo cada palabra y ellas me van robando la existencia y purificando el aire para poder vivir en esta insensatez que llevamos a cuestas en el mundo"


- Todos los trenes mueren el línea recta y La escopeta de Lily Mae, títulos de los libros que Dolors Alberola va a presentar en septiembre, parecen apostar por la innovación, recuperando acaso cierto talante vanguardista, ¿es así?

- No sabría decirte, no disecciono el verbo como en un laboratorio, más bien dejo que las palabras nazcan, crezcan, vuelen hasta el papel y luego hasta los ojos. No clasifico, no sigo más estructura que la que la estética me imprime en el deseo. Si lo que viene en estos libros fue ya o no fue, no es tema que me atrape o rechace. Vivo cada palabra y ellas me van robando la existencia y purificando el aire para poder vivir en esta insensatez que llevamos a cuestas en el mundo. ¿Sería nuevo un nacimiento o una muerte? Si consideráramos éstos en función de un ser o de una obra en particular, podrían serlo, pero si nosotros mismos ya somos la poesía, qué de nuevo puede haber en lo único que nos vive y que vivimos, en su inamovible sinfonía, en su cáliz amargo, en su nada. Vuelvo a insistir en asegurar que son dos libros que me cumplen y eso es el milagro. Amo la vanguardia como amo el surrealismo, el aura clásica del verso y todo lo que conlleve la buena poesía, lo que no soporto es la mediocridad.

- En todo caso, ¿qué diferencia a estos libros de obras anteriores como –por citar unos ejemplos significativos- Sobre la oscuridad, Del lugar de las piedras, Acaso más allá o El monte trémulo?

- Posiblemente sólo los diferencie el hecho de atravesar de la música al sonido contundente de un disparo o al traqueteo oscilante de un tren que va a morir. Se ha de ser atrevido y en estos libros se esparce un tipo diferente de atrevimiento sobre la misma palabra y similar construcción y, sobre todo, la dulzura de una furia merecida contra esta sociedad que parece haber cambiado una vocal con el insano empuje de sus dirigentes.